LA SINDICALIZACIÓN DE LOS PROFESIONALES

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Por Marcelo Peretta*

A principios del siglo veinte las profesiones universitarias se ejercían en forma liberal: el médico era dueño de su consultorio, el farmacéutico de su farmacia y el abogado de su estudio.

Hoy, la inmensa mayoría de los profesionales ejerce su profesión en relación de dependencia. Pasaron de dueños a empleados de clínicas, sanatorios o cadenas de farmacia. El 80% de los médicos y 70% de farmacéuticos y bioquímicos, dejó de ser propietario del lugar donde trabaja.

La proletarización también llegó al abogado, que trabaja mayoritariamente para un bufé y al ingeniero, que se desempeña en industrias.

Por ende, una de las principales preocupaciones de estos profesionales dependientes son su salario y las condiciones laborales en las que desempeñan su actividad.

A partir de la década de 2000, los profesionales comenzaron a crear sus propias organizaciones sindicales.

La Asociación de Médicos de la Actividad Privada (AMAP) y el Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFYB), ambos con personería gremial, ya representan colectivamente a estos trabajadores con título universitario.

Otros sindicatos con inscripción gremial reconocida por el Ministerio de Trabajo son: el Sindicato Único de Médicos Argentinos (SUMAR), la Asociación Gremial de Odontólogos de la Ciudad de Buenos Aires (AGOCIBA), la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA), la Asociación Gremial de Operadores de Sistemas Informáticos y Afines (AGOSIA), la Asociación de Abogados de Hospitales del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (AAHGCBA) y la Asociación de Profesionales de Ciencias Económicas (APCE).

El Sindicato Argentino de Veterinarios (SAVET) ya solicitó su inscripción gremial.

Como antecedente estatal se destaca: la Asociación de Médicos Municipales (AMM), la Federación Médica de la Capital (FEMECA), la Federación de Profesionales del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (FPGCABA) y la Federación Sindical de Profesionales de la Salud de la Argentina (FESPROSA).

¿Con qué fin se organizan? Con el mismo que el de cualquier otro sindicato: tener un convenio laboral, discutir paritarias con sus empleadores y conseguir mejores condiciones laborales.

Médicos, farmacéuticos y bioquímicos ya poseen convenios colectivos de trabajo homologados.

El fenómeno de la sindicalización “por oficio” no es nuevo, ya que el primer sindicato argentino, creado en 1887, fue el de los conductores de trenes (La Fraternidad).

Los sindicatos de oficio difieren de los colegios profesionales. Mientras los primeros representan a los trabajadores dependientes, los segundos representan la deontología y la profesión, más allá de la condición laboral de quien la ejerce.

Los sindicatos son fundamentales para revertir una realidad: el profesional que asume la jefatura o dirección técnica de cualquier empresa, con toda la responsabilidad que implica, gana unos pocos pesos más que el empleado que los sigue en jerarquía, y no tiene beneficios como obra social, jubilación, vacaciones pagas, licencias por capacitación, enfermedad o embarazo, lo que resulta incomprensible.

El profesional es hoy un trabajador que necesita mejores condiciones laborales, por eso debe sindicalizarse. Organizarse es fundamental, de lo contrario, la patronal impone el salario y las condiciones de trabajo.

La profesión liberal está en extinción. Aunque cueste aceptarlo, solo es viable para alguna especialidad con pocos graduados, que poseen la infraestructura y pueden adquirirse el equipamiento necesario para actuar.

Todos somos trabajadores. Los que usan el cuerpo y los que emplean la mente. Por eso, mientras muchos obreros se capacitan, los universitarios nos sindicalizamos, dejando de lado el egoísmo y el individualismo.

El Ministerio de Trabajo tiene bien detectado este nuevo fenómeno. Sostiene que han proliferado gremios de profesionales, en especial de trabajadores de la salud. “Antes eran una élite a la que ni se le ocurría sindicalizarse. Ahora se agremian porque ven que los que tienen por debajo en jerarquía ganan más que ellos”.

Muy pronto 9 de cada 10 profesionales universitarios trabajarán en relación de dependencia. Esta nueva realidad requiere nuevas organizaciones sindicales, nuevos criterios de enseñanza universitaria y cambios de actitud en el profesional, que debe comprender que ser trabajador no es menos, sino más.

*Secretario general del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos – SAFYB