HILLARY SE PELEA CON LA INDUSTRIA Y A TRUMP LE DA “ASCO” PFIZER

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La candidata presidencial demócrata Hillary Clinton decidió confrontar con la industria farmacéutica proponiendo regulaciones de precios y recortes a las patentes , mientras que el republicano Donald Trump calificó de “repugnante” a quienes se mudan a paraisos fiscales y abandonan Estados Unidos, como anunció Pfizer. Mal momento para las multinacionales en su propio territorio.

La ex secretaria de Estado ha elaborado un discurso confrontativo hacia los laboratorios multinacionales de su país, en un giro imprevisto de la campaña presidencial demócrata que ha convertido a los CEO farmacéuticos en los villanos de la novela.
 
La última imputación contra la industria no se detuvo en sutilezas: ”La publicidad de los medicamentos infla los precios y puede ser engañosa”, afirmó Clinton hace pocos días.
De esa manera se sumó a la posición recientemente adoptada por la influyente Asociación Médica Americana (AMA) contra la publicidad de medicamentos de prescripción por receta.
La posición de la AMA fue acompañado de un informe de la consultora Kantar Media  indicando que la publicidad de medicamentos ha crecido 30 por ciento entre 2012 y 2014 en Estados Unidos alcanzado a 4.500 millones de dólares.
Hillary Clinton también dijo que la industria farmacéutica está tomando ”represalias” contra ella a causa de sus críticas, reprodujo Washington Examiner el lunes 5 de enero: “He estado criticando a las compañías farmacéuticas. Ya están viniendo por mí”, afirmó la candidata durante un evento partidario en Davenport, Iowa.
Un portavoz de su comité de campaña explicó que uno de los grupos de presión de la industria, la Asociación de Investigadores y Fabricantes Farmacéuticos de Estados Unidos  (PMPCA), había difundido un documento denunciando el plan de medicamentos de Clinton.

Tampoco es una novedad, pues la poderosa cámara empresaria de las multinacionales, PhRMA, había advertido que “la propuesta de la secretaria Clinton sería volver atrás el reloj en la innovación médica y detener el progreso contra las enfermedades que los pacientes sienten más miedo”.

Recientemente, con motivo de la fusión de Pfizer con Allergan, Clinton pidió que se anulen los beneficios fiscales que recibía la empresa estadounidense, debido a su intención de mudarse a Irlanda – donde está radicada Allergan- para abonar menos impuestos.

Hillary Clinton levantó el teléfono para instar a legisladores y funcionarios del gobierno de Barack Obama que cancelen los beneficios impositivos para las empresas que busquen radicaciones en otros países donde la presión tributaria es menor.
“No podemos demorar más en tomar medidas enérgicas contra las inversiones que erosionan nuestra base de impuestos”, reclamó Hillary, según el New York Times.
Incluso, pidió al Departamento del Tesoro que “haga todo lo posible para detener este tipo de comportamiento” en referencia a Pfizer y pidió llamarlo “como lo que es: jugar con el sistema tributario”.
La fusión entre Pfizer y Allergan que eliminaría miles de puestos de trabajo en Estados Unidos, también recibió las diatribas de Donald Trump que calificó el acuerdo de “repugnante”, adjetivo que suele reservar para los mexicanos y los musulmanes.
"El hecho de que Pfizer está dejando nuestro país con una enorme pérdida de puestos de trabajo es un asco", dijo Trump en un comunicado.
Pfizer se justificó explicando que en Estados Unidos paga 25 por ciento de impuestos y en Irlanda será sólo del 17 o 18 por ciento.
Clinton anticipó que de acceder a la presidencia aplicará un “impuesto de salida” que se aplicará a aquellas empresas estadounidenses que busquen asociaciones con otras del exterior para radicarse en países con menos presión tributaria.
Pfizer donó un millón de dólares a la Fundación Clinton, informó el Center for Responsive Politic, que además precisó que durante 2015 y pese a las críticas, “el sector (farmacéutico) se encuentra entre los principales donantes industriales a su campaña”.
Clinton en varias ocasiones apuntó contra la industria farmacéutica durante la campaña electoral debido a los altos costos. Pero también el senador Marco Rubio, precandidato presidencial del Partido Republicano, denunció que los precios de los medicamentos eran fijados por “especulación pura”.
Su portavoz, Alex  Conant, posteriormente aclaró que la imputación no era para todos. “la industria farmacéutica de Estados Unidos salva muchas vidas, pero no es ningún secreto que hay algunos malos actores que ponen las ganancias por delante de los pacientes”, afirmó en nombre del senador republicano.  
Hillary Clinton en septiembre pasado presentó un plan para frenar el precio de los medicamentos, que autoriza a los norteamericanos a comprar sus fármacos en otros países que tienen precios más bajos que en Estados Unidos, reduce el tiempo de exclusividad para favorecer la competencia de los biosimilares y otorga a Medicare el poder de negociar con los laboratorios por mejores ofertas.
Clinton djo en el programa Face The Nation de la CBS que “el creciente costo de los medicamentos es algo que oigo en donde quiera que vaya”  y durante un acto de campaña en Des Moines (Iowa) insistió que “debemos proteger a la clase trabajadora de los costes excesivos” de los nuevos fármacos.
Su principal competidor en la interna demócrata, el senador Bernie Sanders, otro mordaz crítico de la industria farmacéutica, también presentó su propio plan para el sector, con regulaciones y exigencias más drásticas, pues incluyó la obligación de difundir los costos de fabricación, la rentabilidad, la divulgación completa de la inversión en I+D y estudios comparativos con los precios de otros países para el mismo producto.
La empresa de investigación de inversiones SSR y la agencia Bloomberg coincidieron en divulgar un estudio comparativo que confirmó que los medicamentos son más caros en Estados Unidos comparado con otros 14 mercados, entre los que incluyó Alemania, Canadá y China.
Por ejemplo, Humira de Abbvie cuesta 2.504 dólares en Estados Unidos y 1.749 dólares en Alemania, el segundo mercado más caro.
Bloomberg explicó que Gleevec de Novartis cuesta 10.122 dólares para un mes de tratamiento en Estados Unidos,  mientras que en Alemania la droga contra la leucemia cuesta 3.003 dólares.
Los demócratas Hillary Clinton y Bernie Sanders comparten un discurso crítico que es avalado, simultáneamente, por informes oficiales no menos lapidarios.
El Comité de Finanzas del Senado de Estados Unidos afirmó que Gilead fijó un “precio excesivo” de mil dólares por píldora de su medicamento Sovaldi “que privó de atención a miles de pacientes”.
Una investigación de ese comité, integrado por senadores de ambos partidos, concluyó que Gilead “estaba empeñado en elevar sus ganancias a cualquier costo a pesar que los estudios de la misma empresa demostraban que un precio más económico permitiría a más personas recibir el tratamiento”.
El senador demócrata Ron Wyden y el republicano Chuck Grassley dijeron que la investigación de 18 meses del comité del Senado confirmó que “el precio tan elevado limitó el acceso al medicamento y causó enormes costos a los programas de salud pública federales y estatales”.
Tal panorama obligó al presidente Barack Obama a convocar en noviembre pasado a los directivos de la industria, gerentes de prestadoras y aseguradoras, y empresas vinculadas al sector de la salud para un “gran encuentro” en la búsqueda de acuerdos para sostener el sistema de salud y en especial el financiamiento de los programas Medicare y Medicaid.
Voceros de la Casa Blanca aseguraron que algunas de las propuestas en carpeta son “acelerar la aprobación de nuevos fármacos” que compitan con los de alto costo que están en el mercado, fomentar el sistema de pago por resultados o modelos de riesgo compartido, que se aplica en varias países de Europa pero que en Estados Unidos sería toda una novedad.
Andres M. Slavitt,  gerente de Medicare y Medicaid, repitió una consigna al término del “gran encuentro” en la Casa Blanca: “Mejores resultados al menor coste posible”.
Los voceros de la Casa Blanca aseguraron que hubo consenso durante el “gran encuentro” en el Salón Oval de la Casa Blanca para que el gobierno tenga “más participación en la negociación de los precios de los medicamentos”, algo poco común en el país.
Sin embargo, la visión de la industria es que el temporal pasará luego de las elecciones de 2016.
La consultora de mercado BMO Capital Markers aseguró a sus clientes que “es muy poco probable que las sugerencias de Clinton se traducirán en un sistema de control de precios”, de acceder a la Casa Blanca.
“Las empresas farmacéuticas son un blanco fácil en la política presidencial y estos ejemplos extremos proporcionan grandes temas de conversación. Pero, en el fondo, políticamente esto no sucede”, pronosticó Terry Haimes, analista de la consultora multinacional Evercore ISI de Nueva York, en una nota a sus clientes de la industria.