Prestadores de diálisis preocupados por atrasos en los pagos

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Prestadores de diálisis de todo el país expresaron su preocupación por el "atraso en los pagos" que debe abonarles el Estado para asegurar los tratamientos y "que pone en riesgo a 29.000 argentinos con insuficiencia renal", aseguró la cámara del sector.

"El sector está atravesando una situación crítica, ya que el incremento real del costo que tuvieron los centros de diálisis para continuar prestando la terapia sustitutiva renal fue de cerca del 40 por ciento, y si pensamos que en el país hay 29.000 argentinos con insuficiencia renal crónica nos damos cuenta de la gravedad del caso", aseguró Enrique Schinelli, gerente y vocero de la Cámara de Productos y Servicios de Terapia Renal.
La cámara, sin embargo, rescartó que "el compromiso del Pami de ajustar en el segundo semestre la recomposición arancelaria para diálisis demuestra que desde el Estado se reconoce la necesidad de garantizar el óptimo funcionamiento de esta estructura como un actor central del sistema de salud".
"El sector enfrenta un déficit del 39,6% en el valor del módulo de diálisis, que en 2016 se vio afectado como nunca antes por la devaluación, la inflación sostenida y el costo laboral. No obstante, los centros continúan brindando las prestaciones, pero la falta de pagos y la no actualización de los costos hace insostenible la situación", advirtieron los prestadores en un comunicado.

El comunicado completo de la cámara es el siguiente:

Cámara Argentina de Productos y Servicios de Terapia Renal
La grave situación económica en el sector de diálisis pone en riesgo los tratamientos de 29 mil argentinos

Existe gran preocupación por el deterioro en la recomposición arancelaria. El sector enfrenta un déficit de casi el 40% en el valor del módulo de diálisis, que en 2016 se vio afectado como nunca antes por la devaluación y la inflación sostenida.

Buenos Aires, noviembre 2016 – Prestadores de diálisis de todo el país expresaron su preocupación ante la incertidumbre que genera el atraso económico y financiero de organismos que deben garantizar el acceso a las terapias de sustitución renal a más de 29.000 argentinos, que padecen una insuficiencia renal crónica o aguda y sus vidas dependen de estos tratamientos.
Recientemente, el PAMI publicó una resolución de recomposición arancelaria para diálisis para el primer semestre, pero no fue una recomposición adecuada ni suficiente. Sin embargo el compromiso de un segundo ajuste para la última parte del año en curso, demuestra que desde el Estado se reconoce la necesidad de garantizar el óptimo funcionamiento de esta estructura como un actor central del sistema de salud.  La incertidumbre por el atraso económico y financiero de otros financiadores importantes (ministerios provinciales, PROFE, entre otros) pone una luz más que amarilla en el escenario de esta prestación imprescindible.
Es fuerte el deterioro en la recomposición arancelaria. El sector enfrenta un déficit del 39,6 % en el valor del módulo de diálisis, que en 2016 se vio afectado como nunca antes por la devaluación, la inflación sostenida y el costo laboral. No obstante, a pesar de este panorama desalentador, los centros continúan brindando las prestaciones, pero la situación de asfixia financiera y económica (a través de la falta de pagos y el atraso en el valor de las prestaciones) hace insostenible la situación.
Los ministerios de salud y las obras sociales provinciales son actores primordiales en el financiamiento, pero al momento del cierre de paritarias del sector salud (segundo semestre) ya no cuentan con presupuesto disponible para otorgar recomposiciones de aranceles y posponen la decisión para el año próximo. De esta manera, todo queda sujeto la pauta salarial de ajuste del presupuesto de cada provincia, que muchas veces no se condice con lo establecido por la Federación de Asociados de Trabajadores de la Sanidad (FATSA).
Esto se traduce en el deterioro del precio producto y en la demora del reconocimiento en más de 9 meses,  que muchas veces suele ubicarse por debajo del incremento necesario para recomponer los aumentos salariales y de costos. Una ecuación  insostenible en el tiempo.
Dentro de este panorama, la situación en la Provincia de Buenos Aires merece una atención especial porque es muy delicada ya que las condiciones son totalmente deficitarias y esto pone en serio riesgo la continuidad de la prestación.
La Provincia sufre un déficit crónico originado por la falta de reconocimiento de mayores ingresos por parte del Estado nacional que se contrapone con un gasto en crecimiento sostenido. Esto es reconocido por la Gobernación, que solicitó que se normalice esta situación. El sector de la diálisis no ha quedado eximido de esta realidad y ha soportado, año tras año, de parte IOMA (rector de los aranceles en la provincia dado su volumen de afiliados) reconocimientos de aranceles por debajo de lo establecido por FATSA .
En el marco de este sombrío panorama,  se espera que el tanto el PAMI como el PROGRAMA INCLUIR SALUD, otorguen el segundo escalón de aumento del 19%, que los ministerios y obras sociales provinciales adecúen sus precios a estos financiadores y principalmente que Buenos Aires atienda la problemática del sector y haga, tal como lo solicita la Gobernación para sus finanzas, un reconocimiento histórico que recompongan los valores y los sitúe en precios de mercado.
Con una estructura de 469 centros y servicios de diálisis en todo el territorio nacional, la Argentina se caracteriza por una buena accesibilidad de todos los pacientes que lo necesitan a los tratamientos de sustitución renal, con prestadores que se esfuerzan por brindar un servicio de primer nivel, en todos los rincones del país y sin distinciones entre las diferentes fuentes de financiamiento. Siendo la diálisis la única alternativa para la sobrevida de estas personas, no importa si debe hacerse cargo la obra social, el PAMI u otra entidad: es un derecho del paciente recibir el tratamiento adecuado.
En la Argentina, unos 11.000 profesionales – entre médicos nefrólogos y de otras especialidades, nutricionistas, personal de enfermería, asistentes sociales, psicólogos y otros integrantes del equipo de salud, además del personal administrativo- se dedican a la atención de los pacientes en diálisis. Esto representa más del 50% de la estructura de costos de este servicio. En ese contexto, los aranceles no siempre se incrementan en la misma medida que estas variables y otras, dadas por los vaivenes coyunturales de la economía. Sin embargo, la calidad y eficiencia del servicio debe seguir siendo la misma.
Es una estructura que tiene el desafío de sustituir algo tan esencial como una función vital allí donde la naturaleza ya no es capaz, pero multiplicada por los miles de personas que en la Argentina necesitan de este servicio como única alternativa para sobrevivir. Y que una vez que la tecnología hace posible este objetivo de mínima, tiene la obligación de disponer los mejores recursos –materiales, profesionales y humanos– para alcanzar el auténtico objetivo que marcan la vocación y la ética de quienes lo hacen posible día a día y sin descanso, que es brindar una mejora constante en la calidad de vida.



Recuadro:

Una de cada 9 personas adultas en el mundo tiene algún grado de afectación de su salud renal. La enfermedad renal crónica –cuyos estadios más avanzados pueden llevar a la necesidad de un trasplante o de diálisis– posee los mismos factores de riesgo que la hipertensión, la diabetes tipo II, el ACV y las enfermedades cardiovasculares, relacionadas en gran medida con los hábitos globalizados y el estilo de vida, lo cual indica que seguirá teniendo una fuerte relevancia en la salud pública durante los próximos años. En el mundo hay 1,7 millones de personas en tratamiento de sustitución renal, y esta cifra tiende a incrementarse.
Los riñones son órganos vitales que cumplen funciones tan importantes como el filtrado de la sangre y la mantención del equilibrio de agua y sales en el organismo. Cuando funcionan mal, el cuerpo pierde la capacidad de deshacerse de sustancias tóxicas, de regular parámetros esenciales como la presión arterial o de eliminar el exceso de líquidos. La mayoría de las personas que requieren diálisis  para sobrevivir son afectadas por insuficiencia renal crónica en sus estadios más avanzados; la mitad de los pacientes en diálisis en la Argentina son diabéticos o hipertensos a quienes la progresión de esa enfermedad de base afectó irreversiblemente la función renal, pero hay más de 30 patologías (incluyendo infecciones como el síndrome urémico hemolítico, o intoxicaciones agudas) capaces de causar un daño renal severo. La mayor parte está inscripto en la lista de espera del INCUCAI aguardando el trasplante renal, y depende mientras tanto de la diálisis.
Antes de que existieran las terapias de sustitución de la función renal no había alternativa, y estos casos resultaban fatales. Desde antes de 1920 hubo ensayos de filtrado artificial del flujo sanguíneo, pero se tardó varias décadas en llegar a métodos confiables parecidos a los actuales. La diálisis por bombeo, que es la base de la mayoría de las terapias que hoy se usan, se impuso desde fines de los años ’80.
Desde entonces, las diversas tecnologías destinadas a brindar este soporte vital fueron evolucionando sobre una base sólida. Los pacientes cuyos riñones no funcionaban ya podían sobrevivir, y los desafíos pasaron a ser la disponibilidad de estas terapias para todos los que las necesitaran, como así también el mejoramiento de la calidad de vida de las personas en diálisis, que hoy pueden llevar una vida normal e integrar el tratamiento en una cotidianeidad en la que en la que estudian, trabajan y disfrutan a pleno de la actividad social y familiar.
Pero aunque el aspecto tecnológico de las terapias de sustitución renal es un factor central, se requiere de mucho más que de máquinas. La mayor parte de aquellos cuya vida depende de este tipo de tratamientos en la Argentina son atendidos en centros de salud renal privados, sobre los cuales recae la responsabilidad no sólo de brindarles el soporte vital para la diálisis y todos los controles médicos correspondientes, sino también, en muchos casos, los traslados entre su domicilio y el centro donde se realizan la diálisis, la colación  en los días en que las personas deben concurrir, y equipos de trabajo compuestos de personal interdisciplinario especialmente capacitado, cuya atención debe ir mucho más allá del simple soporte técnico y sanitario.