EL PLAN DE TRUMP QUE PUEDE ENCARECER LOS MEDICAMENTOS EN EUROPA

La política farmacéutica impulsada por Donald Trump para conseguir que los estadounidenses paguen menos por sus medicamentos podría terminar teniendo un efecto inesperado: que los medicamentos sean más caros en Europa y que algunos tratamientos nuevos tarden más en llegar.

Una investigación publicada por la prestigiosa revista científica The Lancet advierte que las medidas de Washington podrían cambiar la manera en que funciona el mercado farmacéutico mundial. Según los investigadores, las empresas podrían tener incentivos para subir los precios en países como España o retrasar allí el lanzamiento de nuevos medicamentos, según lo refleja una nota del diario El País.

El estudio fue realizado por especialistas de instituciones como la London School of Economics y las universidades de Harvard y Zúrich.

¿Qué quiere hacer Trump?

La iniciativa se conoce como política de “la nación más favorecida”. Su objetivo es reducir una de las grandes diferencias entre Estados Unidos y otros países: los medicamentos suelen ser mucho más caros en EE. UU.

La idea de Trump es que el seguro público estadounidense Medicare, que cubre a unos 68 millones de personas mayores de 65 años, compare lo que paga por determinados medicamentos con los precios de esos mismos productos en otros países desarrollados.

Entre los países utilizados como referencia aparecen España, Corea del Sur, Noruega y Australia.

Si Medicare descubre que está pagando más que esos países, las empresas farmacéuticas tendrían que devolver al Gobierno estadounidense parte de esa diferencia mediante reembolsos adicionales.

En teoría, esto permitiría a EE. UU. ahorrar miles de millones de dólares en medicamentos.

El ahorro para EE. UU. podría ser enorme

Los investigadores analizaron 195 medicamentos patentados en los que Medicare gasta alrededor de 76.000 millones de euros al año.

Según sus cálculos, la factura de esos medicamentos podría reducirse entre un 16% y un 18% inicialmente. A los cinco años, el ahorro podría llegar a ser hasta tres veces mayor.

Pero aquí aparece el principal problema. En aproximadamente tres de cada cuatro medicamentos analizados, la cantidad que las farmacéuticas tendrían que devolver a Medicare sería, en promedio, 3,8 veces superior a lo que ganan vendiendo ese medicamento en el país extranjero utilizado como referencia.

Dicho de manera sencilla: si una farmacéutica vende un medicamento barato en España, por ejemplo, ese precio podría utilizarse para exigirle que reduzca mucho más el precio en Estados Unidos.

Para las empresas, eso puede generar un incentivo muy fuerte para subir el precio en España o directamente retrasar la llegada del medicamento al mercado español.

¿Por qué Europa podría terminar pagando más?

El razonamiento de las farmacéuticas sería relativamente sencillo. Si mantener un precio bajo en un país europeo provoca que tengan que reducir mucho más sus ingresos en el enorme mercado estadounidense, vender barato en Europa podría dejar de ser atractivo.

Por eso, las empresas podrían reaccionar de varias maneras:

• Subir los precios de sus medicamentos en Europa.

• Retrasar el lanzamiento de determinados tratamientos.

Decidir no comercializar algunos medicamentos en determinados países.

• Utilizar con mayor frecuencia descuentos confidenciales, para que los precios reales no puedan ser utilizados por otros gobiernos como referencia.

Kerstin Noëlle Vokinger, investigadora de la Universidad de Zúrich y una de las autoras del estudio, advierte de que las decisiones de EE. UU. podrían terminar afectando al acceso a los medicamentos en todo el mundo.

La preocupación principal es que un paciente europeo pueda terminar esperando más tiempo por un medicamento nuevo simplemente porque la empresa quiere evitar que su precio europeo sea utilizado por EE. UU. para negociar un precio menor.

En España, los expertos consideran posible que se produzcan retrasos en la llegada de algunos medicamentos y presiones para aumentar sus precios.

Jaume Puig Junoy, economista y profesor de la UPF Barcelona School of Management, coincide con esta posibilidad. Según explica, cuando un precio bajo en un país relativamente pequeño puede provocar una pérdida mucho mayor para una farmacéutica en EE. UU., aumentan los incentivos de las empresas para retrasar lanzamientos, subir precios o utilizar descuentos que no sean públicos.

Sin embargo, Puig Junoy plantea una paradoja: la estrategia de Trump podría terminar reduciendo el beneficio que Estados Unidos espera obtener.

¿Por qué? Porque si las farmacéuticas empiezan a fijar precios más altos en Europa, esos precios podrían convertirse a su vez en una referencia para otros mercados. De esta manera, el ahorro conseguido por Medicare podría ser menor de lo esperado.

En otras palabras, bajar los precios en EE. UU. no depende solamente de una decisión del Gobierno estadounidense. También depende de cómo reaccionen las farmacéuticas y los sistemas sanitarios de otros países.

Los países podrían intentar esconder sus precios reales

Una de las herramientas que podrían utilizar los gobiernos europeos es la confidencialidad de los precios.

Los sistemas sanitarios pueden negociar con las farmacéuticas descuentos que no se hacen públicos. De esta manera, un país puede conseguir un medicamento a un precio efectivo más bajo sin que ese precio pueda ser utilizado directamente por otros gobiernos como referencia.

En España, esta estrategia ya se está utilizando. El país ha aprobado medidas para mantener en secreto los precios finales negociados con las farmacéuticas.

Beatriz González López-Valcárcel, catedrática de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, cree que estas estrategias podrían intensificarse.

También plantea una posibilidad curiosa: que algunos países intenten “salir del radar” de EE. UU. modificando, por ejemplo, la presentación o los envases de determinados medicamentos para que no puedan compararse fácilmente con los productos vendidos en Estados Unidos.

A pesar de todas estas advertencias, González López-Valcárcel señala que todavía no se han observado consecuencias claras y generalizadas de la política de Trump en España.

César Hernández, director general de Farmacia del Ministerio de Sanidad, reconoce que la presión de EE. UU. sobre las farmacéuticas es real.

Según explica, existe el riesgo de que las compañías intenten evitar que los precios que consiguen en Europa terminen utilizándose como referencia para negociar precios más bajos en Estados Unidos.

Pero, por el momento, Sanidad solo ha detectado “un cierto enlentecimiento” en algunas propuestas comerciales. Hernández cree que podría tratarse de una situación de espera mientras las empresas y los gobiernos intentan entender cuáles serán finalmente las consecuencias de las medidas estadounidenses.

Hernández también cuestiona una de las ideas que están detrás del discurso de Trump: que Europa paga demasiado poco por los medicamentos.

El responsable de Farmacia sostiene que los sistemas sanitarios europeos realizan una aportación muy importante a la industria farmacéutica y a la innovación. Lo hacen mediante la financiación de medicamentos, la investigación pública, los ensayos clínicos, las infraestructuras científicas y la generación de evidencia sobre los tratamientos.

Por eso, considera razonable debatir cómo se reparte internacionalmente el coste de desarrollar nuevos medicamentos, pero advierte que los problemas del mercado estadounidense no pueden trasladarse automáticamente a Europa.

Además, sostiene que no existe ninguna razón para aplicar aumentos generales o automáticos de precios en España.

España, recuerda, es el país de la Unión Europea que más dinero destina a medicamentos en relación con su PIB.

La posición del Ministerio de Sanidad es que cada medicamento debe evaluarse individualmente y que el precio debe estar relacionado con la evidencia científica, el valor terapéutico que aporta y el impacto que tendrá sobre el presupuesto público.

La gran incógnita

El problema, entonces, no es solamente cuánto pagará Medicare por los medicamentos.

La verdadera incógnita es cómo reaccionarán las farmacéuticas ante la nueva política estadounidense.

Si las empresas consideran que vender medicamentos baratos en Europa les perjudica demasiado en EE. UU., podrían subir los precios europeos, retrasar nuevos tratamientos o limitar su comercialización.

Por eso, la investigación de The Lancet plantea una advertencia que va más allá de Estados Unidos: una política diseñada para abaratar los medicamentos en un país puede terminar encareciéndolos o retrasando su llegada en otros.

Todavía no está claro hasta qué punto ocurrirá esto en Europa. Pero los investigadores y varios expertos consideran que el riesgo existe y que España deberá vigilar de cerca cómo evoluciona la estrategia de Trump y cómo responden las grandes compañías farmacéuticas.

Con esta política no podría decirse que América Latina necesariamente va a pagar más por los medicamentos. Eso sería ir más allá de la evidencia disponible. Lo que sí se puede sostener es que la política de Trump puede aumentar la presión sobre los países que utilizan precios internacionales como referencia, porque las farmacéuticas tendrán un incentivo mayor a evitar precios bajos y a diferenciar los precios según cada mercado. El propio estudio de The Lancet advierte sobre ese mecanismo, aunque analiza principalmente países desarrollados y no permite cuantificar el efecto específico sobre Argentina o América Latina por lo tanto localmente, por ahora,  no parece haber riesgo.