LA DIETA INVISIBLE: LA SILENCIOSA CRISIS QUE AFECTA A MILLONES DE NIÑOS EN ARGENTINA
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En el día del autocuidado
En las mochilas escolares argentinas suele faltar algo más importante que útiles y cuadernos: frutas y verduras. Aunque suene exagerado, más del 70% de los niños del país no consume las porciones mínimas recomendadas. Y esta ausencia no solo deja vacíos los platos: también está vaciando las aulas.
Cada vez que un chico falta a clase por una gripe persistente, un cuadro respiratorio o alguna infección reiterada, podría haber algo más profundo detrás: la falta de micronutrientes. Siete cada diez chicos en edad escolar se enferman con frecuencia suficiente como para ausentarse de la escuela, según datos recientes. Una tendencia alarmante que pone en jaque su desarrollo físico, cognitivo y emocional.
Y aunque la palabra “malnutrición” suele evocar imágenes extremas, la realidad es mucho más compleja y, a menudo, invisible. En la Argentina, el 43% de los niños de entre 6 y 12 años está malnutrido. En los más pequeños, la cifra no mejora: 4 de cada 10 menores de 6 años presentan deficiencias nutricionales graves. La carencia de micronutrientes —como vitamina D, calcio, hierro u omega 3— afecta incluso a niños con peso y talla normales, según advierte la Sociedad Argentina de Pediatría. Es lo que se conoce como “desnutrición oculta”.
La Dra. Valeria Blumetti, pediatra (MN 101.859), advierte: “Si un niño consume menos de 15 alimentos distintos con frecuencia, puede estar atravesando un cuadro de desnutrición silenciosa. Esto no siempre se nota a simple vista, pero puede tener consecuencias serias en su sistema inmunológico, su energía y su aprendizaje”.
Y no es solo cuestión de sumar frutas y verduras al plato. El cuerpo infantil necesita una sinfonía bien orquestada de vitaminas y minerales: A, C, D, E, K, B3, B6, B12, Biotina, Zinc, Yodo. Cada uno cumple un rol vital en procesos como el crecimiento óseo, el funcionamiento cerebral, el sistema nervioso o la salud de la piel y el cabello.
Desde el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA), alertan que tres de cada cuatro chicos entre 4 y 12 años no alcanzan los niveles recomendados de nutrientes esenciales. Un dato que explica, en parte, por qué muchos niños tienen dificultades para concentrarse, procesar información o incluso jugar con la energía habitual.
Comer bien no es un lujo, es un derecho
El entorno familiar tiene un rol clave en esta ecuación. Las decisiones que se toman en la cocina influyen directamente en la salud presente —y futura— de los más pequeños. Sin embargo, factores como la falta de acceso, los precios de los alimentos frescos, las dietas restrictivas o la selectividad alimentaria (muy común en la infancia) dificultan la variedad nutricional.
“En Bayer creemos que combatir la malnutrición infantil requiere un enfoque integral: desde el hogar, las escuelas y el sistema de salud. La prevención es clave”, sostiene la Dra. Luciana Armengol, médica especialista en Medicina Farmacéutica y Gerenta Médica en Bayer Cono Sur (MN 112.756). “Fomentar desde temprano una alimentación variada, con alimentos reales y equilibrados, ayuda a prevenir déficits y enfermedades que pueden durar toda la vida”.
En ese camino, Bayer desarrolló Supradyn® Kids, un suplemento dietario pensado para complementar la alimentación infantil en etapas de desarrollo crítico. Disponible en pastillas masticables con sabor a naranja, frutilla y limón, aporta un mix esencial de vitaminas (A, C, D, E, K, B3, B6, B12), además de Biotina, Zinc e Yodo. Estos nutrientes ayudan al funcionamiento normal del sistema nervioso, al metabolismo energético, a la función psicológica y al crecimiento saludable.
Prevenir la malnutrición es mucho más que una decisión médica: es un acto de autocuidado familiar, una inversión en el futuro de los chicos y un derecho que debe ser garantizado. El desafío está en volver a mirar el plato, pensar más allá del sabor, y entender que cada nutriente —aunque no se vea— puede cambiar la historia de una infancia.